Se
trataba de un ave fabulosa que se consumía por acción del fuego cada 500 años,
para luego resurgir de sus cenizas. Según algunos mitos, vivía en una región
que comprendía la zona del Oriente Medio y la India, llegando hasta Egipto, en el norte de África. Muy presente en la poesía árabe, también esta
ave tenía un nombre científico llamado Apus.
EL mito
del ave fénix, alimentó varias
doctrinas y concepciones
religiosas de supervivencia en el
Más allá, pues el Fénix muere para renacer con toda su gloria. Fue citado por
los sacerdotes de distintas religiones.
En el Antiguo Egipto se le
dominaba Bennu y fue asociado a las crecidas del Nilo, a la resurrección, y al
Sol. El Fénix ha sido un símbolo del renacimiento físico y espiritual, del
poder del fuego, de la purificación, en la inmortalidad. Según el mito, poseía
varios dones, como la virtud de que sus lágrimas fueran curativas.
Para Heródoto, Plinio el Viejo y
Epifanio de Salamina, esta sagrada ave viajaba a Egipto cada quinientos años, y
aparecía en la ciudad de Heliópolis, llevando sobres sus hombros el cadáver de
su padre, a donde este iba a morir, para depositarlo en la puerta del templo
del Sol.
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